EXTINCIÓN DE LA ESPECIE – Ignacio Castro Rey – Diario de Ferrol

by karlotti

http://www.diariodeferrol.com/opinion/ignacio-castro-rey/extincion-de-la-especie/20130203003631031372.html

 

El sistema político, cultural e informativo (o sea, una parte de todos nosotros), se pasa el día asustándonos con peligros que se acercan: el paro, el cáncer, las alergias, los musulmanes, el fin del mundo, la crisis de Europa. Realmente, todo puede ser una cortina de humo, un mecanismo de blanqueo anímico que busca colocar el mal fuera.

Es evidente un malestar casi estructural, ya antes incluso de esto que llamamos crisis, así que los continuos peligros y escándalos externos de la “sociedad del riesgo” logran una especie de anestesia, sedando nuestra angustia. Cambiamos ésta por un peligro externo que se acerca.

El horror localizado en los otros exorciza el malestar, nos obliga a permanecer unidos y refuerza el instinto gregario. De paso, refuerza también la imagen y la relativa bondad de los líderes que nos previenen de los riesgos. Ante el espanto de lo otro, todo lo nuestro (crisis económica, corrupción de la clase política) parece liviano.

El problema es posiblemente muy distinto, la angustia, sorda pero casi evidente, que produce la desaparición de la vida entre nosotros. Todas las tecnologías online han acelerado, y a la vez compensan y ocultan, el silencio de la presencia real. Me refiero a la crisis del lenguaje, del encuentro, de las relaciones, de la fidelidad en el afecto. Me refiero también a la crisis escandalosa de la percepción. Casi nadie escucha, casi nadie mira al prójimo o atiende al entorno.

Todo el mundo está muy ocupado, absorto con sus conexiones. ¿En qué estamos ocupados? Estamos ocupados en la ocupación, en el empeño de que el “tiempo muerto” no nos roce. El tiempo muerto y la imprescindible soledad en todas las decisiones cruciales. Crecimiento exponencial de las conexiones: caída en picado de las decisiones. Somos tan libres que nunca decidimos nada. La libertad de expresión, a veces obscena, es la cara externa de un insólito encadenamiento de la acción. Le llamamos interactividad, pero su corazón es una pasmosa interpasividad.

Todo esto concluye en un mutismo de la especie, in situ, que produce un poco de espanto. Tanto si eres profesor, conferenciante, o simplemente un ser humano interesado por el prójimo, la crisis del encuentro debería ser desconcertante. Por lo pronto, no tiene precedentes.

Alguien ha dicho que hasta los perros ladran menos. De un modo u otro, reina en la cercanía un silencio extraño. Hemos buscado que lo espectacular nos salve del riesgo anónimo de vivir y la consecuencia (en la calle, en las casas, en el metro, en las aulas) es la del ensimismamiento, una humanidad ocupada y vaciada por la comunicación, por la dialéctica entre aislamiento e interactividad.

Todo en mundo parece encriptado en su narcisismo. Aislamiento y conexión, soledad y onanismo: narcisismo y solidaridad. Y este “arresto domiciliario” de las mentes y los afectos, que es causa de la ansiedad por el espectáculo de la conexión, aumenta a su vez la dependencias de las tecnologías.

Así como, por cierto, estimula también el deseo de animales de compañía. Las mascotas prolongan el retiro, nuestro divorcio de la relación. El tedio de una vida gobernada por los dígitos y por la economía se compensa con un simulacro animal de sangre caliente que juega con nosotros y despierta nuestros dormidos afectos. Que tengan un buen día.

Ignacio Castro Rey es filósofo y escritor

 

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