Rafael Pillado, Vivo o Muerto…

by karlotti

Rafael Pillado, Vivo o Muerto… | Cumbres Borrascosas.

 

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Rafael Pillado, Vivo o Muerto…

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¡PILLADO, VIVO O MUERTO…! 

A veces, la Memoria Histórica presenta extraños meandros – extraños por imprevisibles, más que nada-, que aportan nuevas luces sobre la esencia del franquismo y su modo de estar en la Historia, entre el crudo fascismo y la crónica negra con ribetes sicalípticos.

Viene esto al caso por un curioso episodio radiofónico que intentaré resumir sin hacerle perder un ápice de alcance testimonial puro y duro, y, por qué no, en su doble lectura, de nostálgico réquiem por el esplendor en la yerba de nuestros juveniles días de vino y rosas.

Programa nocturno de la Cadena SER, “Hablar por hablar”, conducido por Adriana Mourelos. Al aparato Antonio, desde León. Quiere contar algo que, hasta entonces, no había contado a nadie; como en el romance lorquiano, “no quiere decir, por hombre/ las cosas que ella le dijo…” Si se dispone a hacerlo, es porque…Bueno, porque lo guardado muy adentro, bien merece sus minutos de gloria. Y a partir de aquí, el lector debe abrocharse el cinturón de las sorpresas…

La historia comienza a finales de los 60, durante la botadura de un gigantesco petrolero de 260.000 toneladas, construido en Bazán para Japón, con asistencia de Dª Carmen Polo y la plana mayor del gobierno, para cuyos fastos, cuenta Antonio- que había participado en el montaje manual de la primera central electrónica que se instaló en un barco a nivel mundial-, se habían traído, incluso, cuadros del Museo del Prado. Frente a él, durante la cena, una hermosa mujer morena de ojos verdes que, al comenzar el baile, le elige como pareja y ya no va a soltarlo hasta el fin del festejo. Pasados unos días, el delegado de su empresale comunica que ha venido a buscarlo una señorita y que tiene permiso para ausentarse del trabajo cuatro o cinco horas, sin preocuparse por cuestiones de descuento de salario. A la puerta, un enorme automóvil con chofer y, naturalmente… ella…,que se acerca y le besa, mientras a Antonio no le llega la camisa al cuerpo…El encuentro culmina en el Hotel Finisterre, donde les sirven una espléndida comida. Tan lírica Minerva parecía conocer de cabo a rabo (dicho sea sin segundas) la vida y milagros de Antonio. El romance de grana y oro (lo colorado que se ponía nuestro ceniciento y la pasta de la que parecía disponer la Princesa Azul), llegó a durar seis días. La “plana mayor” del séquito se marcha entonces para San Sebastián, rumbo al Palacio de Ayete, y Antonio recibe la apremiante invitación de acompañarles (¿Qué les dabas, Antonio…?). Él contesta que está casado y tiene un hijo viviendo en Madrid, pequeño detalle que, al parecer, la Bella ya sabía. Le replica que no debe preocuparse: personalmente, se encargará de que su empresa lo traslade a Donosti.

Dicho y hecho…Antonio reconoce, en aquella madrugada de echar el alma por la ventana, que, deslumbrado, se dejó arrastrar por más bien poco discreto encanto de la Corte franquista y lo bien que se comía en los restaurantes de cinco tenedores, a cuerpo de dictador, sin tener que abonar la factura.

El siguiente punto de destino de aquella España de charanga y represión era Palma de Mallorca, y luego, con Franco y todos sus ministros, a pasar el mes de agosto en el Pazo de Meirás, por seguir, gratis et amore, dejándose llevar por los vientos del Poder. Ella, sigue contando Antonio, era la hija de un ministro; reconoce también que él, socialmente modesto, no estaba nada mal en cuanto a hechuras: solía gustar mucho y bien a las mujeres, cualquiera fuese el color de sus ojos.

Al final del verano, se separan; durante tres años vuelven a reunirse, porque su empresa, avisada, se apresura a facilitarle los desplazamientos necesarios por “necesidades de servicio”.

Y, en uno de estos encuentros estivales, Antonio, que se halla trabajando en el Pazo de Meirás en cuestiones telefónicas, va a ser testigo de un diálogo entre el Ministro del Interior (“de Gobernación”, según nomenclatura del momento) y el Gobernador Civil de la Coruña, referente a lo que el primero de éstos llama un “Marcelino Camacho en versión gallega”: Rafael Pillado, dirigente de Comisiones Obreras. Estas son las palabras del ministro: “Quiero que me traigan a Pillado, vivo o muerto, esta noche”. (Tan expeditivo personaje pudo tratarse del general Camilo Alonso Vega, según cálculos del cadáver que no fue- Rafael Pillado-, enterado, por fin, de un peligro al que estuvo expuesto- como a tantos otros-, en un lejano pasado, gracias al presente testimonio radiofónico).

Antonio- que en la narración, en un lapsus de memoria, mezcla a los Pillado padre e hijo- se las arregla para mandar, mediante un compañero, un aviso a la familia para que Rafael se ponga a salvo porque “van a por él” y, en paralelo, comienza a coger miedo de que, personalmente, pueda pasarle “algo raro”, en su calidad de testigo de una de aquellas “cazas del hombre” que prodigaba el régimen, donde los disparos al aire por parte de las “fuerzas del orden” (el suyo) siempre acababan por alcanzar a algún manifestante en la cabeza.

Antonio, por poner tierra por medio, solicita a su empresa ser enviado al extranjero. El delegado le promete arreglarlo. Llevaba tres semanas en un destino europeo cuando, de repente, un día suena el teléfono y…Es ella.

Antonio trata de alegar que ha tenido otro hijo y da el love affairepor terminado. Ella insiste y le comunica su intención de ir a pasar con él una semana para hablar, él y ellos dos respectivamente, largo y tendido, de la situación. Por fin, nuestro hombre se entera de sus planes: pretende quedarse embarazada a base de su empuje y su semilla: León es tierra de epopeyas gloriosas y cides campeadores lanza en ristre…

El tiempo de programa se ha agotado. La locutora pide a Antonio que confirme su paternidad en proyecto y éste lo hace, a nivel algo enigmático, debido a la premura.

A posteriori, Rafael Pillado se pone en contacto con la SER, para intentar localizar a Antonio, aunque nada más sea para darle las gracias por habérsela jugado comunicando lo escuchado a su familia. En esa estamos, en el momento de escribir esta crónica delove por sale y de fascismo iridiado: los principios fundamentales del movimiento, por mucho que tratemos de obviarlo, pasaban también por este tipo de ajetreos, con o sin permiso de la Santa Madre Iglesia, en un “aquí te pillo/ aquí te monto”, cuando, en el camino de una dama franquista de ojos verdes, soltera y entera por hipótesis, se cruza cierto morenazo – un suponer: no conocemos el color de sus cabellos y ya debe de estar calvo-,como Antonio.

Cuando estas líneas vean la luz, espero haber conseguido que el archivo sonoro – destinado a poner los puntos sobre las íes sobre una época histórica y, ya de paso, poner alegres bragas y braguetas-, esté a disposición del lector en las páginas informatizadas de FUCO BUXÁN. Les aseguro que merece la pena el escucharlo.

En cuanto a Antonio – vaya por delante si no nuestra envidia, que también, nuestro interés histórico por entrar en contacto -, enviarle un mensaje de sincero agradecimiento por su testimonio. A eso lo llamo yo “enseñar deleitando…”.

En la segunda parte de las memorias de Rafael Pillado, cuya redacción se ha puesto en marcha, a buen seguro, encontrará hueco esta singular peripecia.

Y ahora ya sólo falta, como señalaba Adriana Mourelos segundos antes de acabar el programa, que alguien se decida a dedicarle a tan apasionantes episodios de nuestro Celtiberia XXI una buena novela…

[Publicado en “Razón Socialista” nº 36, revista de la Asociación “Fuco Buxán”]

Rafael Pillado y el autor, en traje de faena
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