Ucrania: ¿qué queda de Minsk?

by karlotti

Ucrania: ¿qué queda de Minsk? | SLAVYANGRAD.es.

 

 

Original: RussEurope / Jacques Sapir

Ucrania: ¿Qué queda de Minsk?

La situación en Ucrania y en las zonas insurrectas de Donbass se deteriora progresivamente. Lo prueban los enfrentamientos de los últimos días que, aunque limitados, han sido los más violentos desde enero de 2015. Los acuerdos de Minsk-2 están en proceso de disolución, y esto se debe principalmente a las acciones del Gobierno de Kiev. Era previsible. Por lo tanto hay que analizar la situación para tratar de comprender cómo se ha llegado hasta aquí.

Infracciones del alto el fuego

El alto el fuego decretado después de los acuerdos de Minsk-2 nunca ha sido completamente respetado. Los observadores de la OSCE insisten en el hecho de que las infracciones corresponden más a acciones de las fuerzas de Kiev. Los bombardeos de finales de mayo han aumentado progresivamente en intensidad, provocando la “contraofensiva” de las fuerzas insurgentes sobre Marynka. Pero, tras tomar el control de esta pequeña localidad, desde la que observadores guiaban los tiros de la artillería de las fuerzas de Kiev, las fuerzas insurgentes no han tratado de empujar más lejos su posición de ventaja.

El discurso del 4 de junio del presidente Poroshenko ante el Parlamento de Kiev (la Rada), en el que menciona a miles, incluso decenas de miles de soldados rusos en Donbass, debe tomarse por lo que es: propaganda [El general Christophe Gomart, director de la inteligencia militar francesa, admitía hace unos meses que no existe amenaza rusa-Ed] . Kiev ha tratado visiblemente de jugar la carta de la estrategia de la tensión para tratar de volver a soldar sus apoyos internacionales que hoy parecen marchitarse. Lo menos que se puede decir de este intento es que se ha vuelto más bien contra sus autores.

Esas infracciones del alto el fuego no presagian por sí mismas una posible reanudación de las hostilidades. Únicamente son significativas en la medida en que se sitúan en un contexto de no-aplicación del acuerdo de Minsk-2. Hay que recordar que Minsk-2 preveía una importante parte política además de la parte militar (alto el fuego, intercambio de prisioneros). Esta parte política preveía una federalización de facto de Ucrania y el respeto a la integridad territorial del país, a través de una muy amplia autonomía atribuida a las regiones de Lugansk y Donetsk. De partida, el Gobierno de Kiev ha mostrado fuertes reticencias a aplicar la parte política del acuerdo. Pero, si no se procede a la puesta en marcha de la parte política, la cuestión militar resurgirá necesariamente. El impasse político en el que nos encontramos es el que provoca un riesgo reanudación generalizada de las hostilidades.

El partido de la guerra

Es necesario aclarar aquí que, en ambas partes, hay personas que empujan a esta reanudación de las hostilidades. Del lado de las fuerzas de Kiev, los diferentes grupos de extrema derecha, por no decir abiertamente fascistas, presionan de forma evidente para que se retomen los combates. Además de la esperanza de conseguir victorias sobre el terreno, estos grupos han comprendido que no serán importantes en la escena política de Kiev si se mantienen una atmósfera de hostilidad y conflicto. Si se rebaja la tensión, estos grupos aparecerán como lo que realmente son: bandas de peligrosos excitados y nostálgicos del nazismo. Otras fuerzas echan gasolina al fuego: son ciertos oligarcas, que constituyen la espina dorsal del régimen de Kiev, y que tratan de prosperar por la vía de la ayuda militar (en particular estadounidense). Ellos también tienen interés en que se reanuden los combates.

Del lado de los insurgentes, hay grupos y personas que lamentan que las fuerzas de la RPD y la RPL no hayan podido aprovecharse de su ventaja en septiembre de 2014. En aquel momento, el ejército de Kiev estaba en una completa deriva. Habría sido posible recuperar Mariupol o incluso dirigirse hacia Kherson. Si la ofensiva de la RPD y de la RPL se paró en aquel momento, fue consecuencia la intervención rusa. El Gobierno ruso hizo comprender de forma clara a los rebeldes que tenían que parar. Y aquí aparece una de las paradojas de la crisis ucraniana: los países de la Unión Europea, así como los Estados Unidos, deberían haber tenido en cuenta esta actitud de Rusia. Pero no ha pasado nada de eso, lo que no ha contribuido poco a persuadir a las autoridades de Moscú de la mala fe de sus interlocutores. Si las relaciones son ahora tan complicadas entre esos países y Rusia, es también el resultado de su actitud hacia Rusia en el momento en que esta hizo todo lo que estaba en su mano para calmar la situación militar.

Las relaciones entre Moscú y la RPD y la RPL son complejas. Quienes quieren ignorar la existencia de una autonomía de decisión de Donetsk (más que de Lugansk) cometen un gran error. Como es natural, los líderes de la RPD y la RPL buscan estar en buenos términos con Moscú, pero sus objetivos no coinciden necesariamente.

La vida bajo el statu quo

En ausencia de la puesta en marcha de la parte política del acuerdo de Minsk, la vida tiende a organizarse sobre la base de una independencia de facto de las regiones de Lugansk y Donetsk. Está claro que esta vida es de todo menos fácil. La población total de las áreas bajo control rebelde es aproximadamente de tres millones de habitantes, de los que alrededor de un millón está refugiado en Rusia. La persistencia de los combates en la línea del frente impide por ahora cualquier esfuerzo serio de reconstrucción, con la excepción del restablecimiento de la vía férrea que une Lugansk y Donetsk. Uno de los motivos, por cierto, para mantener los combates y las incesantes violaciones del alto el fuego por parte de las fuerzas de Kiev es la voluntad abiertamente afirmada por los dirigentes de Kiev de mantener a la población de Donbass en una inseguridad importante y en atmósfera de terror.

El Gobierno de Kiev ha suspendido el pago de prestaciones y pensiones, lo que equivale en cierta forma a reconocer que ya no considera a Donetsk y Lugansk como territorios bajo su jurisdicción. Recuérdese, por cierto, que el Gobierno ruso siempre mantuvo el pago de prestaciones y pensiones en Chechenia en el periodo en que Dudayev había autoproclamado la independencia de esta república. No está claro que los dirigentes de Kiev hayan medido todas las implicaciones jurídicas de sus actos.

Uno de los puntos del acuerdo de Minsk-2 era precisamente velar por la reanudación de esos pagos. Es inútil decir que Kiev sigue oponiéndose a ello. La población es fuertemente dependiente de la ayuda humanitaria rusa. Una producción mínima continúa saliendo de las minas de carbón y de ciertas fábricas. Hasta diciembre, esta producción se vendía a Kiev. Después, tras la destrucción de las vías del tren por parte de las fuerzas de Kiev, estas ventas quedaron interrumpidas y han sido sustituidas por ventas a Rusia.

Insistamos en este punto: supone un progresivo enrarecimiento de la grivna en Donbass y la subida en potencia del rublo ruso. Además, considerando la mayor solidez del rublo en relación con la grivna, el rublo se ha convertido masivamente en el instrumento de ahorro y en la unidad de cuentas en Donbass. El hecho es que la cuestión de la moneda en circulación es eminentemente política. La elección, para las autoridades de la RPD y la RPL, se centra ente tres soluciones: conservar la grivna (y reconocer que la RPD y la RPL son repúblicas autónomas en el marco de Ucrania), bascular hacia el rublo, lo que tendría una dimensión de una anexión por parte de Rusia, o crear una moneda propia y reivindicar su independencia. Esta última opción no es imposible. Antes de adoptar el Euro, los estados Bálticos tuvieron cada uno su propia moneda. Pero plantea problemas extremadamente complicados de resolver. En realidad, alrededor de la cuestión de la moneda radica la cuestión del futuro institucional de Donbass. Por el momento, las autoridades de la RPD y la RPL mantienen la grivna. Pero la escasez de billetes ucranianos y la disponibilidad del rublo puede obligarles a cambiar de opinión dentro de unos meses. Se ve así lo que está en juego. ¿Tendrán Donetsk y Lugansk estatus de república autónoma dentro de Ucrania, para lo que debe revisarse la Constitución, o se orientarán hacia una independencia de facto, que no será reconocida por la comunidad internacional? Por el  momento, Rusia presiona por la primera opción, mientras que el liderazgo de la RPD y la RPL no esconden su preferencia por la segunda.

La postura de los occidentales

Ante esta situación, que degenera debido a la falta de voluntad por poner en marcha una solución política, se ha observado en las últimas semanas cierta evolución en la posición tanto de Estados Unidos como de los países de la Unión Europea.

Estados Unidos, por medio de su Secretario de Estado, John Kerry, insiste en la necesidad de aplicar el acuerdo de Minsk-2. Es evidente queEstados Unidos no planea cargar con el peso de Ucrania, cuya economía se desintegra y podría llegar, en los próximos días o semanas, a declarar la suspensión de pagos de su deuda, como parece indicar el fracaso de las negociaciones con sus acreedores privados.

Ucrania, que ha experimentado en los últimos meses una inflación galopante y cuya producción podría caer un 10% en 2015 –tras una caída del 6% en 2014–, necesita de manera desesperada una ayuda masiva. Pero Estados Unidos no tiene intención de aportarla. Mira a la Unión Europea, pero ella también se muestra más que reticente. Por supuesto, el Secretario de Defensa, Ash Carter, insiste en que se adopten nuevas sanciones contra Rusia. Pero esto se vincula más a la ineficacia ahora constatada de las precedentes sanciones.

La postura francesa ha empezado a evolucionar en los últimos meses. No solo empieza a reconocerse en el Quai d’Orsay que la cuestión no puede resumirse en una confrontación entre “democracia” y “dictadura”; se percibe, en ciertas declaraciones, un verdadero cansancio ante las posiciones del Gobierno de Kiev, que sigue sin hacer nada por aplicar los acuerdos de Minsk. Se empieza a lamentar, pero sin duda demasiado tarde, haber entrado en una lógica diplomática dominada por las instituciones de la UE, que atribuyen de facto un peso fuera de toda proporción a las posiciones de polacos y bálticos en este tema. La cumbre de la Unión Europea del 21-22 de mayo en Riga supuso, de hecho, el fin tanto de las esperanzas ucranianas como de las de algunos países incendiarios en el seno de la UE.

Alemania también comienza a cambiar en esta cuestión. Tras haber mantenido durante meses una histérica posición anti-rusa, parece haberse visto tomada a contrapié ante el cambio de postura de Estados Unidos. Claramente percibe que si Estados Unidos consiguiera hacer cargar a la Unión Europea con el peso de Ucrania, sería Alemania quien tendría más que perder con esa lógica. Es extremadamente interesante leer en los resultados de la cumbre de Riga que la aplicación del Acuerdo de Libre Comercio –o Acuerdos de Libre Comercio Amplios y Profundos (DCFTA) – está sujeto desde ahora a un acuerdo trilateral. Dos de las partes son evidentes (la Unión Europea y Ucrania) y solo se puede pensar que la tercera parte sea Rusia, lo que supone reconocer los intereses de este país en el acuerdo que debería ligar Ucrania a la Unión Europea. De hecho, se ha vuelto a la situación que demandaban los rusos en 2012 y 2013, pero después de un año de guerra civil en Ucrania.

Parece así que únicamente el Reino Unido continúa apoyando una postura agresiva hacia Rusia, mientras en otras capitales es más bien el cansancio ante la corrupción, la incompetencia y el cinismo político de Kiev lo que domina.

Rusia en la posición de árbitro

Los últimos acontecimientos muestran que Rusia está, en realidad, en una posición de árbitro en el caso ucraniano. La postura oficial del Gobierno ruso es exigir la aplicación completa de los acuerdos de Minsk-2. Pero, por otro lado, sabe que el tiempo está de su parte y podría tener la tentación de dejar que la situación se pudra.

Incapaz de reformarse, acercándose a una dramática situación económica, Kiev se enfrenta a problemas cada vez más graves. La guerra de los oligarcas que continúa en la sombra muestra claramente que existen importantes divergencias dentro de la coalición en el poder en Kiev. El nombramiento por parte del presidente Poroshenko del antiguo presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili –el hombre responsable de la guerra de Osetia el Sur en 2008 y que está perseguido en su propio país por abuso de poder– como gobernador de la región de Odessa muestra que Kiev desconfía como de la peste de los grandes señores feudales ucranianos que son susceptibles de cambiar de aliados de un día para otro. Una encuesta realizada recientemente muestra que la popularidad de Poroshenko sigue siendo muy diferente en el este y el oeste del país. Los hechos de los últimos 18 meses no han eliminado, de ninguna manera, la heterogeneidad política y de población en Ucrania.

aprobacion poro

La realidad del país, una nación diversa y frágil, atravesada por conflictos importantes, puede ocultarse durante un tiempo con la represión y el terror, como ha sucedido en los últimos meses. Pero esas prácticas no resuelven nada y el problema se mantiene.

Pero, sobre todo, incluso el Gobierno ucraniano comprende el determinante papel económico que jugaban las relaciones con Rusia hasta 2013. Sin un acuerdo con Rusia, Ucrania no puede aspirar a recuperarse y reconstruirse. Eso, el Gobierno ruso también lo sabe. Rusia sabe así que va a ganar, ya sea con un gobierno de Kiev que se vuelva  progresivamente más sensible a sus argumentos o como consecuencia de la desintegración de Ucrania. Rusia preferiría ganar con el menor coste, pero no escatimará en el precio a pagar por esta victoria. Recordemos las estrofas del poema Los Escitas, de Alexandr Blok:

Rusia es una Esfinge. Afligida y jubilosa a la vez

Y cubierta de su sangre negra

Ella mira y te mira…

Россия – Сфинкс. Ликуя и скорбя,И обливаясь черной кровью,Она глядит, глядит, глядит в тебя…
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